Cuentos de ayer y de hoy

Será porque la recesión asoma a la vuelta de la esquina. Será porque la austeridad es el mantra nuestro de cada día y el mundo necesita soñar con finales felices. O, simplemente, que tras brujos, vampiros y zombies, el mundo editorial, cinematográfico y escénico necesitaba de un nuevo universo iconográfico. El caso es que vivimos una eclosión de revisitaciones de los cuentos clásicos. Y Palma del Río se ha hecho eco en su programación.

  • La Maquiné. El bosque de Grimm
  • Títeres Caracartón. Chodudú
  • Escenoteca. Cuentos para soñar despiertos
  • Desguace Teatro. Olalla o la princesa Pianoforte
  • A la sombrita. Cuentos de pocas luces

Aunque ha sido casualidad, el año que se cumple el 200 aniversario de la publicación de Cuentos para la infancia y el hogar (1812), de los hermanos Grimm, La Maquiné ha gestado un espectáculo sin palabras que supone un recorrido por los momentos estelares de sus relatos clásicos. El bosque de Grimm es un álbum escénico de imágenes sugerentes inspiradas en Pulgarcito, Blancanieves, Caperucita roja y La bella durmiente del bosque. La compañía granadina recurre a la música de Maurice Ravel, títeres, objetos y proyecciones en un espectáculo visual para todos los públicos.

Títeres Caracartón ha unido fuerzas con la prestigiosa compañía francesa Arketal para representar Chodudú, una pieza inspirada en El relato cálido y suave de chaudoudoux. En este cuento de 1969, el psicoterapeuta Claude Steiner realiza una reflexión sobre el amor y sobre las consecuencias que su carencia provoca, como los celos, el egoísmo, la infelicidad, la codicia, el consumismo y el individualismo.

Escenoteca, el proyecto de Pepa Muriel, visita la Feria de Teatro de Palma del Río para acercar su última propuesta, Cuentos para soñar despiertos, una producción en proceso. En esta ocasión, el montaje trata de llevar a los espectadores a mundos desconocidos. A modo de gigantesco álbum ilustrado cubrirá nuestras cabezas: firmamentos estrellados, ovejas saltando el redil, mares azules y traslúcidos, blanditas nubes sobre las que descansar, disparates, cosas sin pies ni cabezas, miedos y gritos que pueden ser amaestrados y hacerse nuestros aliados.

Durante el espectáculo, el público infantil, en grupos de 30 niños, subirán al escenario y se “acostarán” en una gran cama, con sus sábanas, almohadas, peluche, a ver y escuchar uno de los cuentos que se contaran, después el grupo que ha estado en el escenario bajará, y verá el resto del espectáculo desde el patio de butacas. Cuando suene, con gran estruendo, un despertador, será la hora de despertarse, levantarse y abandonar el teatro.

Los sevillanos Desguace Teatro, por su parte, han recurrido a un cuento actual, de Luis Rabell, sobre una heredera al trono que vive en un reino aquejado por una desafinación crónica. Con Olalla o la princesa pianoforte, la compañía continúa su experimentación en el teatro de objetos.

La dirección de la obra ha sido asumida por Antonio Campos, y la compañía sevillana A la Sombrita se ha hecho cargo del diseño de luces y de la incorporación de sombras a la representación.

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Precisamente, con Cuentos de Pocas Luces, la compañía A la Sombrita incorpora a su repertorio un espectáculo visual de teatro de sombras de calle. Con su propuesta, la formación teatral pretende mostrar cómo la magia de alternar luz y oscuridad para narrar cuentos se remonta al principio de los tiempos. Como arranque, la compañía ha decidido recrear el que pudo ser el primer cuento delmundo, originado en las cavernas con el descubrimiento del fuego. A esta introducción le sigue el empleo de sombras de manos y corporales para contar un cuento francés de finales del siglo XVIII, El amor de un soldado. A continuación, A la Sombrita incide en la evolución de los objetos y títeres articulados a partir del relato de La duración de la vida.

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Sobre la fachada del Teatro Coliseo, sombras de 10 a 12 metros, y una vuelta a la ejecución en directo, en contraposición a las videoproyecciones actualmente en boga. “Se trata de un entretenimiento visual que funciona como crítica a la contaminación ideológica y técnica que no nos deja tiempo para jugar a los cuentos”, aclara el director de la compañía, José-Diego Ramírez, quien anima a “apagar la televisión y encender una vela, pues en cinco minutos podemos transformar el mundo”.

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